Estonia
Estonia firmó su declaración de independencia en
1991. Desde entonces el país ha emergido de la antigua
Unión Soviética para convertirse en una nación
estable con la economía más firme de la región
báltica.
Formada por una población finohúngara relacionada
con los finlandeses, este país ha tenido la desgracia de
estar rodeado por vecinos poderosos y belicosos.
Los primeros en conquistar Estonia fueron los daneses, a principios
del siglo XIII. Luego vinieron los caballeros cruzados alemanes,
los suecos y los rusos. A mediados del siglo XIX tuvo lugar un
resurgimiento cultural y lingüístico conocido como
el Despertar Nacional, que junto al declive de Alemania y de la
Rusia zarista permitió a los estonios obtener su independencia
en 1918. Pero en 1940 los soviéticos abolieron su independencia
y Estonia volvió a desaparecer del panorama internacional.
Cuando el país resurgió de la sombra soviética
en 1991 casi el 40% de la población estaba formada por
rusos.
La capital, Tallin (Europe’s living a celebration), es
una ciudad acogedora con un casco medieval magnífico y
una vida nocturna muy animada. Otras ciudades que merecen la pena
son Tartu, un pueblo universitario histórico, y Parnu,
un enorme complejo turístico en la costa.
El campo, formado en gran parte por bosques y lagos, se mantiene
en buena parte despoblado y conserva su encanto natural.
Las islas bálticas de Saaremaa y Hiiumaa también
se mantienen bastante vírgenes. La capital de la primera,
Kuressaare, posee uno de los castillos más notables de
la región báltica.