Uno de los lugares más impresionantes y sobrecogedores
de Génova es el cementerio de Staglieno, situado a las afueras
de la ciudad.
A apenas 10 minutos en autobús, el cementerio se erige sobre
una ladera escarpada de la sierra albergando en su interior miles de tumbas
y esculturas funerarias de monstruosa belleza.
El cementerio empieza con unas amplias extensiones de tumbas ordenadas
en
terreno llano, rodeado de galerias arqueadas repletas de nichos y tumbas.
Detrás el cementerio se crece por los espesos bosques de la montaña,
a través de senderos y escaleras desordenadas e impredecibles,
entre solemnes tumbas coronadas por extravagantes estatuas y pequeños
mausoleos de mejor o peor gusto.
Staglieno es famoso por sus esculturas de gran belleza y valor artístico,
la mayor parte de ellas de estilo neoclásico, aunque se pueden
encontrar obras de variadas tendencias artísticas que van desde
el neo-egipcio hasta el art decó. En las figuras se representan
con gran realismo escenas dramáticas y espirituales que tienen
que ver con el dolor causado por la pérdida de un ser querido o
con el encuentro con la muerte.
El cementerio de Génova es un lugar tétrico donde ir a
pasear y a encontrarse con la muerte, que no debe ser tomado en broma
y en el cual no se puede permanecer más de una hora tranquilo.
La leyenda de Caterina Campodonico
Una de las leyendas más famosas de este camposanto
es la de Caterina Campodonico, comerciante de frutos secos de profesión
y perteneciente a una familia humilde de Génova. Campodonico
consiguió ahorrar para ser enterrada en el cementerio más
famoso de Italia, y no solo eso: obtuvo lo suficiente para ordenar esculpir
una escultura de Lorenzo Orengo en su sepulcro. En su epígrafe
se puede leer: "Vendiendo baratijas en los Santuarios de Acquasanta,
de Garbo y de San Cipriano, desafiando la intemperie, me he procurado
los medios para transcurrir mi vejez y también aquellos para
inmortalizarme mediante este monumento, que yo, Caterina Campodonico,
me hice hacer mientras aún estaba viva."
|