La parte de la ciudad que envuelve al puerto
es sobretodo de época medieval. Formada por una maraña de
callejuelas más o menos estrechas y peatonales, es aquí
donde encaja como anillo al dedo la descripción de Dickens. Repleta
de palacios, palacetes e inmigrantes, esta es una de las zonas más
encantadoras de la ciudad así como de las más peligrosas.
Llegada la noche no se recomienda demasiado perderse por sus callejuelas,
sobretodo a las mujeres solas, aunque con las debidas precauciones se
pueden encontrar encantadores rincones confundidos entre la mugre y la
oscuridad.
Es en esta zona donde se ubica el Duomo: la catedral gótica de
San Lorenzo, en la que, en el siglo XIII, descansaron los restos de San
Juan Bautista, que tiene capilla propia de la época renacentista.
Una vez, después de una horrible tormenta, los genoveses sacaron
sus restos en procesión por la ciudad para aplacar al Mar. Desde
entonces y cada 24 de Junio (San Juan) se celebra una procesión
en su honor.
Desde el interior del Duomo se puede acceder al Tesoro di Genova, una
pequeña galería excavada en la roca que alberga varias reliquias
de interés, como una bandeja de cristal de cuarzo en la que, según
la leyenda, le fue entregada la cabeza de San Juan Bautista a Salomé.
También hay un plato de cristal que al parecer la reina de Saba
le regaló a Salomón, y que fue utilizado en la Última
Cena.
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