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La ascensión a la cima del volcán de Stromboli
para observar las explosiones es una excursión única y emocionante,
sólo recomendada a los excursionistas más fuertes y osados
(abstenerse niños y ancianos). Debido a lo complicado y abrupto
del camino, especialmente en sus últimas fases, y a las cambiantes
y potencialmente peligrosas condiciones meteorológicas, resulta
IMPRESCINDIBLE ir acompañado de un guía profesional.
La excursión habitual, de unas tres horas de ascensión,
sale por la tarde para llegar a la cumbre cuando ya ha anochecido.
La primera fase del camino transcurre entre las callejuelas, senderos
y escaleras que discurren entre las casas de los lugareños esparcidas
por algunas zonas de la falda del volcán. Una vez se abandonan
los asentamientos humanos, se continúa por una carretera de adoquines,
sólo apta para ir a pie, que serpentea por la parte baja del coloso
geológico.
Aproximadamente
una hora después de la salida se llega a la primera parada de la
excursión, la que transmite más calma y belleza a la vez:
el Filo dei Fuoco; si se acierta la hora del día (el guía
es consciente de ello) la puesta del sol crea un hilo de fuego sobre el
mar que llega hasta nuestros pies desde el lejano horizonte, siendo sin
duda
una imagen inolvidable de la que es imposible desviar la mirada.
Forzados
a avanzar por el guía y por la realidad, se continúa ascendiendo
y al poco se llega a la segunda atracción de la visita: la Sciara
dei Fuoco, una ladera muy escarpada por donde se vierte el material magmático
desde el cráter, en forma de cenizas negras ya apagadas, hasta
el mar.
Lo que resta del camino transcurre por terrenos cada vez más abruptos
por los que a menudo se deben recurrir a nuestras habilidades simiescas
para superar y se llega finalmente a la última fase de la ascensión,
la más dura de todo el recorrido: una "playa" en pendiente de finísima
y profunda arena negra en la que se hunden los pies a cada paso y que
conduce hasta lo más alto de la isla (926 m), por encima del cráter
activo.
Una vez ahí, ya en noche cerrada, donde los vientos
soplan con fuerza y donde es imprescindible estar con ropa de abrigo incluso
en verano, se pueden admirar las explosiones de lava que, roncando hondamente
y cada diez minutos aproximadamente, surgen desde lo más profundo
de la Tierra.
Después de una hora de inigualable espectáculo
comienza el descenso, esta vez por la vertiente nororiental hasta San
Vicenzo. El descenso, de poco mas de hora y media, empieza con una bajada
al trote por una pendiente de la misma fina arena la cual esta vez, lejos
de dificultar la marcha la facilita, ya que uno no tiene más que
dar largos saltos adelante y dejarse frenar por la arena cada vez que
se hunde el pie unos veinte centímetros bajo la superficie, provocando
una sensación muy similar a esquiar sobre nieve
virgen.
Una vez pasada esta zona y vaciados los zapatos de los kilos de arena
que se han colado en su interior, se continúa descendiendo por
senderos escondidos entre cañadas, alumbrados por nuestras linternas,
para acabar, finalmente, en el núcleo más importante de
la isla, San Vicenzo, donde se puede encontrar algun buen restaurante
donde reponer las fuerzas gastadas y algunos baretos donde ir a tomar
una copa después de la cena bajo las estrellas. |