Nápoles
Nápoles, capital de todo el sur de Italia, es el tipo
de ciudad que se visita con ideas preconcebidas y raramente decepciona:
sucia, grande, altiva y canalla, está infestada de delincuencia
y, en definitiva, no se parece a ningún otro lugar de Italia,
algo que sus habitantes ansían decir más que nadie.
En todos estos aspectos radica el encanto de esta ciudad.
Quizá la sensación de estar en un sitio realmente
único ayude a soportar el ruido y el acoso constante, o
bien lo haga esa sensación de haber llegado a un lugar
que se parece más a un bazar árabe que a una capital
europea.
Ahora bien, una cosa sí es cierta: un par de días
aquí y probablemente el forastero acabe por convertirse
en un defensor tan firme del lugar como sus más debotos
habitantes.
Por último decir que la pizza se inventó en Nápoles,
que el napolitano es por derecho propio un idioma particular y
que el cercano Vesubio es uno de los dos volcanes aún activos
en Europa.