En la piazza di Trevi está, cómo no, la fontana di Trevi,
la fuente más famosa y cinematográfica de la ciudad además
de ser la más imponente.

La fuente fue acabada en el año 1762, y marcaba el final del
acueducto de Acqua Virgo, construido en el 19 a.C. La fuente convierte
la fachada trasera de un palacio en una cascada rocosa de cuyo centro
surge Neptuno, el dios romano del Mar, flanqueado por dos tritones gobernando
a dos caballos, uno enfuritado y el otro más dócil, las
dos caras del mar.

Según la tradición se cumplirá el deseo de aquél
que tire una moneda a la fuente y de espaldas, siempre y cuando el deseo
no vaya en perjuicio de la propia fuente, pues tampoco es tonta.
La fuente está ubicada en una plaza de efecto barroco,
y eso significa estar paseando por estrechas callejuelas sin esperar encontrar
nada diferente y que de pronto, a la vuelta de una esquina cualquiera,
estalle ante tus ojos desbordados y tu mente desconcertada la amplitud
de una plaza impredecible.
Pues en el caso de la Fontana di Trevi el efecto se presenta magnificado
por lo imponente de la fuente y puede llegar, como ya a sucedido y seguirá
sucediendo, a que el observador se desvanezca en una explosión
de gozo interior que le eleve por unos momentos a conocer esa droga dura
llamada plenitud (...).
Por cierto, otro atractivo de la plaza son los deliciosos y variados
helados que se pueden degustar en la heladería que hay junto a
la fuente. Muy recomendables, para no perdérselos.
En cierta ocasión una mujer madura armada con una larga cuerda,
en cuyos extremos había por un lado un perro y por el otro un gran
imán, se dedicaba a pescar las monedas lanzando el imán
al agua y arrastrándolo por el fondo, ante el estupor de los turistas
allí presentes que veían como sus deseos se largaban a puñados.
Desde luego, quien curra es porque quiere! |