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El Vaticano se convirtió en la residencia papal
al ser el lugar donde fue enterrado San Pedro, el primer Papa. Actualmente
es la capital del catolicismo y ordas de peregrinos lo visitan anualmente.
La entrada al Vaticano es a través de la piazza
San Pietro, diseñada por Bernini. Esta enorme obra representa dos
brazos abiertos para acoger en el seno de la Iglesia católica a
toda la cristiandad.
En el Vaticano destaca la enorme basílica de
San Pedro, suntuosamente decorada y coronada por la cúpula de Miguel
Angel, de 132,5 m de altura. En 1506, el papa Julio II colocó la
primera piedra de la basílica en el lugar donde estaba otra antigua
basílica del siglo II, a punto de derrumbarse. Se tardó
más de un siglo en construirla.
Al aceder a ella los "guardianes del decoro" impiden
que los visitantes entren con pantalones o faldas cortos, camisetas de
tirantes o guarrerídas por el estílo, por lo que resulta
imprescindible ir decentemente vestido para visitarla.
El interior alberga una importante colección
de obras artisticas, como la Pietà de Miguel Angel, el tabernáculo
de Bernini o el Baldaquino de Bernini, el altar papal situado en el centro
de la basílica y en el que sólo el pontífice puede
dar misa. El bronce de las columnas en espiral fue arrancado del techo
del Pantheon por orden del
papa Barberini.
Desde la basílica se pueden visitar las grutas,
el tesoro y la sacristía de San Pedro, o bien subir a la cúpula
para disfrutar de las vistas panorámicas.
Otro
punto importante en el Vaticano son los museos Vaticanos, que albergan
una de las colecciones de arte más importantes del mundo, desde
la época egipcia y romana, pasando por el arte cristiano y medieval
y la época renacentista hasta el arte religioso moderno. Los museos
son tan grandes que resulta imposible visitarlos en un solo día.
Por lo tanto se recomienda seleccionar lo que más le interese o
visitarlo en varios días.
Destaca en los museos la Capilla Sixtina, la capilla
principal del palacio Vaticano que debe su nombre a su fundador el papa
Sixto IV. Paredes y techos fueron decorados por los mejores artistas de
los siglos XV y XVI, entre ellos Miguel Ángel, Botticelli y Perugino.
La capilla está coronada con el gran fresco del altar El Juicio
Final, de Miguel Angel, considerada su obra maestra de sus años
de madurez. Los
desnudos fueron objeto de polémica desde el principio, y el sucesor
del papa, Pio IV, hubiera hecho arrancar los frescos si el discípulo
de Miguel Ángel, Daniel da Volterra, no hubiera añadido
unos púdicos paños que cubrieran sus vergüenzas, lo
que le valió el sobrenombre de "braguetario".
En 1929, el tratado de Letrán otorgó al Vaticano la categoría
de Estado y en ese año también se abrió la Via della
Conciliazione, que conduce desde San Pedro hasta el Castel
Sant'Angelo, fortaleza y prisión papal en otros tiempos.
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