Ámsterdam es una ciudad seductora, provincial y cosmopolita
a la vez, que se extiende en círculos concéntricos
de canales alrededor del casco
antiguo, lo que le da un carácter propio. Es una urbe que
acoge muy bien a los visitantes y abierta a las nuevas tendencias.
Sin embargo, para muchos la única razón que justifica
su visita es la importancia de sus museos
y, para otros, la permisividad de la venta y el consumo de drogas
blandas.
Ámsterdam se construyó en el siglo XII en un dique
sobre el rio Amstel, de ahí su nombre. Durante la época
de la Reforma la ciudad tuvo un gran desarrollo comercial y se
convirtió en lugar seguro para los que huían de
Amberes por motivos religiosos. Una vez liberada del dominio español
(s. XII) la ciudad creció hasta convertirse en un gran
centro comercial.
A principios de 1700 la ciudad sufrió cierto declive,
pero volvió a resurgir en los recientes 60 dando cabida
a los movimientos alternativos entonces en boga.
Hoy en día la ciudad sigue siendo centro de atención
gracias a sus espectáculos al aire libre que se celebran
en verano, sus clubes y sus bares acogedores, su actitud permisiva
con las drogas blandas y su excepcional barrio
rojo, con prostitutas ofreciéndose en escaparates.