Barcelona, la autosuficiente y progresista capital de Cataluña,
es una ciudad sumamente atractiva para el turista. Su casco antiguo
cuenta con un buen número de edificios góticos,
muchos de ellos ocultos en intrincadas callejuelas, otros mostrandose
majestuosos frente a concurridas plazas, situados todos al este
de las Ramblas, ese espléndido
paseo que desciende hasta el mar repleto de vida todas las horas
del año.
Barcelona es también la orgullosa capital del modernismo,
con edificios tan emblemáticos como la
Pedrera o la Casa Batlló, el Park
Güell o la Sagrada
Familia, todos ellos obra del genial Antonio Gaudí,
hijo pródigo de la ciudad y catalán universal.
Pero Barcelona es, sobretodo, una ciudad donde cualquiera puede
divertirse con solo pasear por sus calles, parándose en
sus bares y cafeterías, absorbiendo el ambiente. Posee
un puerto emocionante con mucha oferta lúdica y cultural,
un buen número de museos de gran categoría y una
sofisticación y un dinamismo cultural por delante del resto
del país.
En buena parte debe su categoría a su proximidad con Francia,
que se refleja en sus elegantes avenidas y en una cocina rica
e imaginativa.
El hecho de convertirse en 1992 en ciudad olímpica impulsó
una nueva ola de orgullo cívico, plasmada en la modernización
de sus calles y barrios, en sus monumentos renovados y relucientes
y en la recuperación del frente marítimo, playas
incluidas.
Barcelona es una ciudad que nunca decepciona, que se esfuerza
por satisfacer al turismo y que todo aquel que la haya visitado
recuerda con agrado.